En ciertos momentos de la vida, nos encontramos en soledad, por no tener pareja. Quiero diferenciar entre quienes deciden voluntariamente este tipo de vida por alguna razón en especial, o quienes se ven forzados a estar solos debido a que se terminó una relación (porque los dejaron, o porque decidieron terminar con un vínculo que ya no los hacía felices).
En el siglo XXI, estar solo o sola puede ser, en muchos casos, una elección. Si terminamos una pareja y todavía nos duele esa separación en el alma, tal vez no sea el mejor momento para iniciar algo nuevo, ya que, de algún modo, trasladaríamos los resentimientos y las amarguras hacia el vínculo que se inicia. Es mejor darnos un tiempo para sanar internamente, y luego estar realmente abiertos a conocer a un par, para darle a esta nueva posibilidad de ser felices todo lo que se merece. Hay mujeres y hombres que directamente, en cierto momento de su vida, prefieren estar solas, y abocarse a sus estudios, a su profesión o a sus hijos. Por suerte, como dije antes, estamos en el siglo XXI y este tipo de elecciones ya no están mal vistas.
Por el contrario, algunas (muchas) veces nos encontramos en soledad porque nos han dejado y estamos heridos. Quizá nunca hemos logrado establecer un vínculo estable, no llegó la persona indicada, o no fuimos correspondidos. O cortamos una relación, y aún nos entristece. En estos casos, incluso puede sentirse como un castigo no compartir nuestra vida con otra persona. Para mí, es el momento ideal de sembrar las bases para una futura pareja promisoria.
Sinceramente, creo que los momentos de soledad pueden sernos realmente útiles, y en vez de lamentarnos o estancarnos en el pasado, podemos proyectar, desde nuestro presente, un futuro mucho más agradable. Si estamos solos y nos pesa, pensemos en capitalizar esta situación, determinando qué actitudes del pasado ya no aceptaremos. Qué es realmente importante para nosotros en una pareja, qué puede carecer y qué, decididamente, no toleraremos.
Es un buen momento para profundizar las relaciones que ya tenemos (familiares, amistades) y así dar buen uso al tiempo libre que tengamos.
Valoremos a la gente que nos rodea, los momentos compartidos, la posibilidad de decidir todo lo que queramos y de hacer con nuestro tiempo lo que nos plazca. Un día, un buen día, todo cambiará.