Las convicciones son una especie de columnas internas que todos poseemos y que ejercen en nosotros un poder del que tal vez no estemos conscientes. Nos sirven de sostén, ya que nos apoyamos en ellas en momentos de duda o al tomar decisiones, y también nos sirven como guía en casi todo lo que hacemos y emprendemos.
Son ideas a las que estamos fuertemente adheridos. A veces nos hacen sentir únicos y, en otras circunstancias, nos permiten un reconocimiento profundo con nuestros pares. Nacen de nuestro propio discurso y experiencia, o de conceptos o actitudes heredados o copiados. Este convencimiento interno es el motor de nuestros pensamientos y de nuestro comportamiento, y aquí es donde resulta importante conocer nuestras convicciones con el mayor detalle posible, para que obren en nuestro beneficio y no en nuestro detrimento.
Hoy es un buen día para revisar tus convicciones.
Fíjate si alguna está impulsándote de una manera que no da el resultado que desearías.
Más aún, intenta determinar si te están haciendo obtener efectos no deseados o incluso contrarios a los que aspiras. Nota si alguna está limitándote en cierta área en la que no logras desarrollarte (por ejemplo, si estás convencido de que se ama una sola vez en la vida y te has separado, claramente, tu convicción se interpone entre tú y tu posibilidad de volver a conformar una pareja feliz).
Presta atención para ver si las has generado tú en un momento de tu vida y si aún se aplican y tienen razón de ser.
Por último, luego de repasarlas, en caso de notar una discrepancia interna, enfréntate a ellas.
Pregúntate si lo que indican es verdadero, es bueno para ti o suena lógico (en muchas ocasiones, estamos convencidos o repetimos frases que no guardan relación con nuestro presente o con nuestra realidad). Es muy útil darnos cuenta de que algo que dábamos por cierto ya está perimido, ha mutado o, simplemente, quedó en otra etapa por la que transitamos hace tiempo. Esto nos permite abrirnos a nuevas formas de pensar, más acorde a lo que nos está tocando experimentar, y nos deja la puerta abierta para acceder a ideas y a recursos nuevos, que estaban sesgados o que ni sabíamos que existían o que podíamos acceder a ellos.
Es bueno tener convicciones y ser personas confiables, lo que también resulta altamente positivo es, de vez en cuando, verificar si todas nos resultan funcionales o si ha llegado la hora de desechar alguna, de crecer en cierto aspecto y de adecuarlas más a la persona en la que nos hemos transformado.
¿Eres una persona de convicciones rígidas o poco firmes?
Lectura relacionada: Congruencia