Si has tenido muchas parejas que no han resultado o si tienes dudas existenciales con respecto a tu compañero actual, piensa si no le estás pidiendo peras al olmo.
A diario, veo a personas desconfiando de su relación o incluso echándola a perder, pensando que existe la persona perfecta, sin máculas, que nunca les hará pasar un momento difícil o que jamás les llevará la contra en nada de lo que digan o hagan.
Somos seres humanos y, como tales, cometemos errores. Es lógico y esperable que a quien hemos elegido para transitar juntos el camino de la vida también los cometa.
Tener una vara demasiado rigurosa –siempre y cuando no comprometamos nuestra integridad o nuestros ideales- es un camino seguro hacia la intolerancia, que suele generar desesperanza, soledad y que “nadie nos venga bien”.
Esto podría parecer que estoy proponiendo soportar actitudes con las que no estamos de acuerdo, pero no es el mensaje que quiero transmitir. Sabemos muy bien qué está bien y cómo queremos que nos traten. Fuera de esto, la tolerancia y la paciencia siguen siendo dos de las claves para lograr una pareja saludable y duradera.
Tampoco te estoy sugiriendo que te guardes lo que piensas o que calles, ya que hay muchas cosas que, conversándolas, se pueden mejorar, atenuar o, si no tienen arreglo, aprender a aceptar.
Es tan común que la gente se queje de algo que su pareja no tiene, o peor aún, que salga siempre mal parada en comparaciones estériles con un ex. Si sueles tener este tipo de comportamiento, imagínate delante de un espejo y piensa qué elementos del combo no ofreces ni ofrecerías a tu par. ¿Tienes mal genio algunas veces? ¿Te cuesta tomar decisiones? ¿Eres un tanto desordenado o demasiado puntilloso? ¿Roncas? ¿No cocinas ni un huevo duro? Sincerarte te permitirá entender desde otro lugar a quien te sigue eligiendo para depositar su amor.
Más aún, piensa si esta maniobra es una manera de no acceder nunca a una pareja estable y, por consiguiente, no verte expuesto a desilusiones, pérdidas ni abandonos, pero tampoco a alegrías, amor, esperanza, sueños, sonrisas, actividades compartidas, caricias, en fin, ¡la vida de a dos!
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