Hacia mediados de año, comenzaría a regir en la ciudad de Buenos Aires una ley que obliga a los fabricantes de ropa a confeccionar talles para todos (no sólo para quienes son flacos).
Deberán tener al menos ocho talles de alguno de sus diseños (no tres o, con suerte, cuatro, como sucede en muchos casos, en la actualidad). En la provincia de Buenos Aires ya hay una ley similar, con bajo acatamiento.
Algunos fabricantes, sobre todo de ropa para jóvenes, argumentan que no confeccionan talles grandes porque no los venden. Si los fabricaran, ¡seguramente les darían la posibilidad a las personas “rellenitas” de comprarlos! También sostienen que un modelo creado por ellos en alguien con unos kilos de más es mala publicidad. Esta frase es una de las más discriminatorias que he escuchado.
Argentina es un país que se caracteriza por imponer estos estándares de delgadez entre sus habitantes, principalmente, las mujeres. De más está mencionar el creciente grado de trastornos alimenticios que esta cultura genera. En otros países, no sucede lo mismo. Yo viví varios años en México, y con mi altura de 1,60 m y mis 52 kg de peso tenía “dificultades” para elegir ropa en ciertas casas para mujeres: ¡el talle small me quedaba amplio! Lo que me parecía lógico, allí sentí respeto por la figura y por las curvas femeninas. Por el contrario, en Argentina, soy talle 2 (medium) y, en algunas tiendas, 3 (large). Inconcebible.
Considero que todos deberíamos tener la misma posibilidad de vestirnos en los lugares que deseemos, y este derecho debería prevalecer por sobre la elección de los diseñadores de no vestir gente con curvas o con kilos de más con sus prendas. Eligiendo, siempre, el estilo que más nos favorece, lógicamente.
¿Crees que las casas de ropa deberían tener talles para todos?