Hace pocos días le realizaron un trasplante de corazón y pulmones al famoso cantante argentino Sandro (Roberto Sánchez). Está teniendo una evolución muy favorable, teniendo en cuenta su edad (64 años) y el deterioro que sufría su salud al momento de trasplantarlo. Y la verdad, no me sorprende: su actitud está determinando su evolución.
Si algo cabe destacar de este episodio, además de contar con la bendición de que nuestros días transcurren en pleno siglo veintiuno, con grandes avances en el campo de la medicina, es el gran deseo de Sandro de estar vivo. Admiro muchísimo su fortaleza interna, su optimismo, su amor a la vida por sobre todas las cosas, que ha trascendido ampliamente la situación que le tocó enfrentar. Se nota en cada palabra, en cada gesto suyo durante estos años de padecimiento de su enfermedad, y en su entereza mientras esperó durante tanto tiempo órganos salvadores que, afortunadamente, llegaron.
Creo firmemente que su actitud de cara a la vida es un valor a rescatar. En estos tiempos, hay mucha gente que no valora la vida propia ni la ajena. Que no tiene rumbo, que no se da cuenta del propósito de su existencia. Todos estamos acá por y para algo, algunos tenemos una idea sobre qué hacer, y quienes no lo saben, pues intentar diversos caminos los puede acercar a este propósito. En este aspecto, se hace camino al andar. La fuerza y el empuje de Sandro, además de no haber claudicado nunca, son un buen ejemplo para entender que la vida es única y bien vale la pena ser vivida, sin importar las adversidades que se nos presenten: al sortearlas, saldremos fortalecidos.
Sandro rebosa de ganas de vivir y de vitalidad interna. Uno mis deseos a los de tanta gente para que esta vitalidad se manifieste también en su cuerpo y se restablezca pronto. ¡Fuerza, Sandro!