18

Jul

Los motivos no siempre son lo que parecen

Artículo publicado por Merlina Meiler

estrés PC

Hace poco me sucedió algo que no anduvo por los caminos que yo suponía.

Empecé a tener distintos síntomas físicos, como insomnio (muy infrecuente en mí), mal humor, mala digestión, resfrío…

Como suelo hacer en estos casos, comencé a indagar qué es lo que me estaba produciendo todos estos malestares – claramente, un hecho los estaba desencadenando.

Primero, mis relaciones cercanas pasaron por una lupa.

¡Fue el primer paso más lógico! Es que por lo general, cuando estamos tristes o inconformes por alguna situación relacionada con los sentimientos, nos sentimos mal físicamente.

¿Había discutido con alguien? No lo tenía presente.

¿Alguna persona me había defraudado, herido, molestado, jugado una mala pasada? No, en absoluto.

Estuve un par de días dándole vueltas al asunto, hasta que opté descartar el plano emocional y pasar a otros, para lo cual escudriñé mis actividades habituales una por una, pero nada estaba fuera de lo normal.

Entonces, traté de dilucidar si había algún sentimiento subyacente que provocara esas manifestaciones físicas. Y fui haciéndome preguntas, para ver qué podía descubrir.

Al llegar a: ¿algo me angustia? Una luz roja se encendió.

¡Y afloró más angustia! Di en la tecla, pero, ¿qué es lo que la estaba provocando? Y me vino a la mente algo totalmente impensado.

Unos días atrás, un cliente me había pedido una tarea un poco diferente a las habituales (capacitación en empresas). Implicaba quedarme toda una noche despierta trabajando para cumplir con la fecha límite requerida.

Cuando me propusieron esto, acepté de inmediato. Me parecía lógico encargarme de este tema también, porque estaba relacionado con el servicio que habitualmente les brindo.

De hecho, me pareció un reto interesante.

Pero con el correr de los días, mis síntomas me fueron advirtiendo que ese no era un trabajo para mí. Yo funciono muy bien por la mañana, aunque tenga que levantarme al alba, mas a la noche me resulta difícil concentrarme (y mantenerme despierta, incluso en fiestas).

¿Cómo iba a hacer para tener la atención y la claridad mental suficiente para llevar a cabo esa tarea apropiadamente?

Mi cuerpo me estaba señalando lo que yo no había notado: hay momentos en los que hay que ser realistas y asumir hasta dónde podemos rendir y poner un límite, incluso en el trabajo. Tanto cuando uno es empleado como cuando trabajamos de forma independiente, muchas veces se dificulta saber a qué acceder y a qué no, así como también cuándo y cómo delegar. Surgen miedos, incógnitas, inseguridades…

En resumidas cuentas, mi alivio fue instantáneo al darme cuenta de lo que me estaba haciendo mal. Hallé a una persona para que me sustituyera (por supuesto, muy confiable y responsable) que afortunadamente me hizo quedar bien. Darme cuenta de que no puedo todo y que hay cosas que pueden salir muy bien aun sin mi presencia es, en resumidas cuentas, un peso menos – ¡y una satisfacción!

Lectura relacionada: El cuerpo habla





  Deja tu comentario


7 comentarios en “Los motivos no siempre son lo que parecen”

  1. flexfusion
    julio 19th, 2016 a las 12:39

    Hola Merlina. Interesante tu experiencia. Por lo que se y he aprendido, todos los pensamientos que tienen una fuerte carga emocional y que persisten en nuestra mente por cierto período; tarde o temprano, termiman germinando en nostros mismos. Pues el conciente lo toma sin «filtro alguno» y lo pasa inmediatamente al subconsciente. Este último, lo convierte en un hábito y termina arraigándose en nosotros mismos. El hábito al no estar en armonía con las emociones y las acciones, termiman generando discordia. Esto se manifiesta en forma de «incoherencia». En breve, la discordia no permite que la vivificación energética de nuestro cuerpo fluya como corresponde y por tanto, este desbalance energético termina por somatizar en el cuerpo creando algún tipo de malestar o incluso, enfermedades de toda clase y naturaleza, en el peor de los casos.
    Por tanto, es fundamental estar en equilibrio. El equilibrio solo lo podemos lograr si mantenemos los tres recursos más importantes en nosotros mismos que es «pensamiento correcto», «emoción correcta» y «acción correcta». Por tanto, entramos en armonía y esta se manifiesta en coherencia. La coherencia vivifica la energía de nuestro cuerpo y nos mantiene sanos y saludables.
    Por tanto, cuando menciono «filtro», es en breve, la supervisión de todos nuestros actos «pensamiento», «emoción» y «acción». Pensamiento: «¿Qué estámos pensando?, ¿cuál será la cosecha?. Emoción «¿Qué estoy sintiendo?, ¿qué me afecta? Acción «¿Dónde me dirijo?, ¿es el camino o acción correcto?

    Saludos Merlina y como siempre, excelentes tus reflexiones.
    🙂

  2. Wally
    julio 22nd, 2016 a las 7:57

    Correcto, no podemos ir mas allá de lo que nuestro cuerpo y mente resistan. Es un hecho de que el éxito esta hecho a base de sudor y sacrificio, pero siempre hay que encontrar un equilibrio.
    Bendiciones y sigue avanzando.

  3. Soledad
    agosto 5th, 2016 a las 18:17

    Excelente todas sus publicaciones! Felicitaciones y muchos éxitos más. Gracias por tan buenos consejos. Dios la bendiga siempre.

  4. ANNA
    agosto 8th, 2016 a las 8:05

    ES VERDAD.. CUANDO ALGO NOS PREOCUPA MUCHO… CUANDO SENTIMOS TRISTEZA… COMO HABLA EL CUERPO… !!!!!

  5. LAURA
    agosto 8th, 2016 a las 10:36

    ESTOY TOTALMENTE DE ACUERDO, DADO QUE NO SABEMOS DECIR QUE NO, ESTO NOS ACARREA MUCHAS DIFICULTADES QUE SE REFLEJAN EN NUESTRA SALUD, MUCHAS SE CONVIERTEN EN STREES Y ESTO CONLLEVA A SENTIRNOS MAL DE SALUD Y NO SABEMOS PORQUE….

Ingresa tu comentario: