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Fuerza mayor

Artículo publicado por Merlina Meiler

fuerza mayor

Diste tu palabra para realizar algo.

O ilusionaste a alguna persona con una promesa.

Pero recientemente, hubo hechos que te hicieron pensar que tomar otra decisión sería lo más adecuado. O sientes cierto grado de arrepentimiento por haber dicho que sí.

Esto te pesa, porque eres de aquellos a quienes les gusta cumplir con lo pactado.

Además, los cambios de rumbo a último momento o en etapas avanzadas son algo que te incomoda y sientes que no son parte de tu ser ni algo que te defina. De hecho, los desapruebas en los demás.

Hay veces que las cosas no van saliendo como deseamos y lo más ventajoso para nosotros es echarnos atrás, pero como esto implica incumplir con otros que esperaban ciertas acciones de nuestra parte, nos vemos en una encrucijada.

Pero es necesario que tengamos en cuenta algo muy importante: para tener éxito y elegir lo mejor para nosotros, es necesario que tengamos flexibilidad para darnos cuenta cuando algo va en desmedro de nuestros intereses o de nuestra tranquilidad, y saber decir que NO aunque en un principio hayamos pensado otra cosa.

Claro que cuando hay otros seres involucrados, nos resulta difícil volver sobre nuestros pasos, retractarnos, desentendernos.

Acá es donde es importante tener presente un concepto muy común en los contratos (verbales y escritos): la fuerza mayor.

Se trata de la imposibilidad de llevar a cabo lo pactado por motivos ajenos a nuestra voluntad. No hemos previsto una circunstancia que imposibilita el cumplimiento de una obligación. Darse cuenta de que seguir adelante no nos favorecería o que otra opción sería lo más adecuado se encuadraría dentro de este concepto. No hay que sentirse mal por ello, sino simplemente, aceptar que no todo está bajo nuestro control y que, en ocasiones y después de un estudio pormenorizado de situaciones, consecuencias y resultados, podemos cambiar de parecer cuando nuestro bienestar está en juego.

Tal vez mi solución parezca un poco egoísta, ya que no hacer lo que habíamos acordado puede traer dolores de cabeza o alguna pérdida al resto de la gente involucrada.

Pero no se trata de un capricho. Sino, simplemente, de aprender a priorizarse. Si después de analizar detenidamente los pros y los contras de algo planeado, la conclusión es que otro rumbo resultaría mucho más útil y persistir en el mismo sendero sería en cierto modo perjudicial, te pregunto, ¿a quién optarías por beneficiar?

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