Con el desastre ocurrido en Haití, mientras miramos esas imágenes tan duras por la TV, a la mayoría de nosotros nos pasa por la cabeza, ¿qué podemos hacer para ayudar?
La solidaridad es uno de esos principios que engrandecen a los seres humanos. Es un valor primordial a enseñar a los más pequeños, para que la sigan cultivando permanentemente en sus vidas. Un niño solidario es un adulto que sabe compartir y siente real satisfacción al hacerlo.
Solidaridad es ponerse en el lugar del otro, tenerle empatía y desde ese lugar, darse cuenta de qué está a nuestro alcance para mejorar esa realidad. Es poner nuestras capacidades y nuestra energía al servicio de nuestro prójimo. Es dejar de estar ensimismados en nosotros mismos y observar detenidamente el mundo que nos rodea, para entender la mejor manera de conectarnos con las necesidades de los demás y hacer algo al respecto.
En lo pequeño, todos los días podemos ser solidarios, ya que permanentemente conocemos gente que precisa incluso pequeñas cosas para tener una vida más digna: con sólo sacar de tu guardarropa aquellas prendas que no usas hace tiempo y donarlas, o comprar algo de más en el súper y llevarlo adonde sabes que lo precisan, estaremos ayudando.
En lo más grande, como el caso de Haití, puedes, por ejemplo, efectuar un depósito o trasferencia bancaria (en esta página tienes números de cuenta). Yo lo hice y solo lleva unos minutos. También puedes ayudar en la página de Unicef (con tarjeta de crédito, selecciona aquí tu país y aparecerá en español). Lo poco o mucho que puedas aportar, sumado a lo de todos los demás, representarán un paliativo importante. Personalmente, creo que rezar o pedir por la gente que lo ha perdido todo también ayuda.
¿Te consideras una persona solidaria?