10

Dic

Sin ira

Artículo publicado por Merlina Meiler

Hace poco me consultó una mujer (Clarisa) que tenía muy mal genio.

Solía ofuscarse constantemente y levantar la voz a los demás, sobre todo, en dos situaciones diferentes.

Una era su trabajo. Su paciencia en la oficina era muy limitada e incluso las situaciones más insignificantes podían sacarla de su centro.

Como resulta obvio, esto molestaba a todo su entorno y por eso la habían tildado de “jefa mala onda”.

Ella se daba cuenta de su proceder, pero no sabía qué hacer para modificarlo. De hecho, aunque no lo demostraba, le entristecía que sus compañeros no contestaran sus mensajes personales, la evitaran o nunca la invitaran a actividades fuera de hora como almuerzos o cumpleaños.

La otra situación era que mantenía peleas constantes con su única hermana, Amelia.

No es que su hermana la tratara mal o buscara motivos para molestarla. Simplemente, cuando algo no le salía bien a Amelia o ella no sabía qué hacer, Clarisa explotaba y le gritaba. Es evidente que esto tensaba en gran medida la relación entre ellas dos.

Clarisa me consultó una lluviosa tarde. Mientras miraba las gotas caer, ella se sinceró por completo, ya que buscaba un giro positivo en su vida.

Me pareció importante hacer un paralelismo entre los dos escenarios que más provocaban sus ataques de ira, hasta que pude llegar al punto en común entre ambos: la frustración.

En el trabajo, ella había llegado a ser jefa después de muchos años en la empresa, pero varios de sus empleados tenían estudios universitarios completos e incluso posgrados, mientras que ella no había podido terminar la universidad. Esto le daba mucha inseguridad y una sensación de frustración muy profunda, ya que ellos le recordaban sus estudios inconclusos.

Con respecto a su hermana, los sentimientos que brotaban cuando estaban juntas eran similares. Amelia tenía cierto retraso madurativo, por lo que apenas podía trabajar cuidando niños, y no tenía pareja ni hijos. Clarisa hubiese deseado tener una hermana más “normal” y que le hubiera dado sobrinos. Cada vez que estaba con ella, esta frustración se hacía patente y embargaba todo su ser de tal modo que la única manera de lidiar con eso era pronunciando palabras agresivas e incluso, hirientes.

Darse cuenta de qué generaba sus reacciones desmedidas hizo que brotaran a borbotones lágrimas de sus ojos. Ella sintió que se liberaba de una pesada mochila que había estado cargando desde siempre.

Al encontrar el nudo del problema, ya habíamos andado la mitad del camino hacia una vida más armoniosa y feliz para Clarisa y para todos quienes la rodean.

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1 comentario en “Sin ira”

  1. Ana
    diciembre 19th, 2018 a las 11:14

    Gracias !
    Muy bueno , e importante
    Saludos
    Ana

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