Varias de las consultas que me realizan son de personas que, en ciertos momentos, dilatan el hacer lo que deberían o ponerse en movimiento para realizar distintos tipos de actividades, desde las cotidianas a otras más complejas.
Esta gente procrastina, lo que quiere decir que aplazan la toma de decisiones o el enfrentarse a situaciones que deberían atenderse dentro de cierto tiempo. A veces prefieren llevar a cabo tareas diferentes a las que deberían y en otras ocasiones, directamente se quedan de brazos cruzados, presos de sentimientos encontrados, de culpas, de diálogos internos poco enriquecedores.






