25

mar

¡Dejemos partir el dolor!

Artículo publicado por Merlina Meiler

Te vuelves a encontrar con tu viejo amigo, el dolor. Ya has pasado por situaciones donde el corazón se te ha hecho trizas: te han abandonado, engañado, han traicionado tu confianza… estas situaciones se repiten, tus anclas de dolor vuelven a dispararse con la misma intensidad que en el pasado… Te estremeces de sólo darte cuenta que estás volviendo a caer en ese pozo oscuro llamado dolor desgarrador… ¿estás dispuesto a transitarlo por última vez? ¿Sí? Entonces, acompáñame…

Las situaciones repetitivas que se dan en nuestra vida están tratando de enseñarnos algo. Tal vez encuentras que te has vuelto a enamorar de alguien que te es infiel. O has sido abandonada nuevamente por alguien en quien tú confiabas. Te han mentido… otra vez. ¿Qué tienes tú que aprender de eso? ¿Qué estás proyectando de ti mismo que atraes ese tipo de parejas a tu vida? ¿Estás repitiendo una historia familiar o hay algo de tu propia persona de lo que aún no te has dado cuenta o que no quieres ver?

¿Y cómo hacer para entender el mensaje que tu inconsciente quiere darte a través de una conducta repetitiva, si el dolor no cesa, te embarga y no te permite avanzar? Esta técnica combina el método para quitar un dolor que aprendí de John Grinder en su certificación de Master en PNL con una pizca de técnicas de Milton Erickson. ¡Funciona de maravillas! Pues bien, relájate, siéntate bien cómodo, respira hondo un par de veces y empecemos el recorrido hacia el bienestar…

Antes que nada, tengo que hacerte una pregunta: ¿estás dispuesto a transitar por este tipo de dolor por última vez? ¿Sí? Esta decisión total es esencial para que el ejercicio funcione. En caso de dudas… el resultado también será dudoso.

Si estás dispuesto (o dispuesta) a dejar atrás este dolor y abrirte a un nuevo presente que generará un mejor futuro, entonces, comencemos por darle la bienvenida a esta sensación. ¡Sí, es tuya, y todo lo tuyo es bienvenido! Si está aquí es por algo, así que ¡bienvenido dolor! Ahora, y ya que es la última vez que lo sentimos, vamos a intensificarlo, lo hacemos más grande, le damos más sonido, le ampliamos todas las submodalidades de tamaño, volumen y sensación que queramos. Más y más. Si sientes alguna molestia relacionada con este dolor tan grande en el plano físico, por ejemplo, opresión en el pecho o nariz enrojecida de tanto llorar, también intensifícalos. Más y más.

Ahora, pregúntate a ti mismo (o sea, a tu inconsciente), así relajado como estás en este momento: ¿qué deseas que cambie para que se quite este dolor tan grande? Quédate unos minutos sentado, tranquilo, con los ojos cerrados, y piensa nuevamente en la pregunta que acabas de hacer: ¿qué quieres que cambie para que se quite el dolor? Es probable que recibas una señal en forma de algo que veas, que escuches o que sientas, presta mucha atención, mientras te sigues relajando. Puede ser cualquier cosa, un color, una sensación en alguna parte del cuerpo, unas palabras.

Quédate unos minutos así, respirando con tranquilidad. Así como llegan imágenes de algo que ves, escuchas o sientes en este momento que está contestando tu pregunta, préstale atención, y además la respuesta llegará por sí sola en la próxima semana, en los próximos días, yo no sé exactamente cuando y tu inconsciente sí lo sabe, tal vez el martes o el viernes próximos, recibirás una señal clara e inequívoca de qué necesitas cambiar para que el dolor se quite.

Sigue relajado un rato más. Respira hondo. Saluda al dolor, dile ¡adiós! por última vez y observa cómo te sientes bien aliviado. Con el correr de los días notarás cambios asombrosos en tus conductas habituales que te sorprenderán gratamente.



17

mar

Desde la zona de confort hacia una pareja

Artículo publicado por Merlina Meiler

Si estás en soledad (o en una compañía que no te hace feliz), te propongo llegar a lograr plenitud, concretar una pareja, ¿hasta decidir si quieres tener una familia?. Sólo tienes que estar dispuesto o dispuesta a salir de tu zona de confort y adentrarte en terreno bueno por conocer.

Es real que hay gente que disfruta de cierta manera el no tener pareja estable, aunque si una situación de esta índole te pesa y te provoca dolor, tú no perteneces a esa gente. Lo mismo sucede con quienes tienen un vínculo de pareja y viven en conflicto, a veces latente, a veces permanente, con resentimientos y malestar, pero no se atreven a dar el paso de salir de esta zona de confort negativa y separarse. Las razones para no aspirar a un presente más pleno son variadas: por valores y mandatos familiares, por el qué dirán, por miedo a la soledad, por cuestiones de dinero o de status social. Hay diversos factores que atan a la persona a una zona de confort, aunque vayan en contra de su naturaleza y atenten contra su felicidad.

Si te pesa el estar insatisfecho o insatisfecha emocionalmente, hace tiempo que vienes dando vueltas en el mismo sentido, y además tienes una conexión con el sufrimiento emocional demasiado cercana para tu gusto, entonces es bien probable que estés en una zona de confort. En esta zona de aparente tranquilidad no eres feliz, pero ya conoces las reglas de juego, y estás acostumbrado o acostumbrada a moverte con comodidad ante situaciones reiterativas. Es un mecanismo restrictivo ya que el confort genera inercia, y los cuestionamientos y la reflexión pierden fuerza. Asimismo, causan la persistencia del pasado, y se convierten en algo peligroso, ya que no nos permiten avanzar y alcanzar nuestras metas de mayor bienestar y armonía.

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10

mar

Síndrome de desconexión

Artículo publicado por Merlina Meiler

amor-nube El síndrome de desconexión es muy común hoy en día. Es un mecanismo de defensa que provoca problemas para conectarse emocionalmente con los demás: el individuo no llega a entablar relaciones intensas ni cercanas con nadie y reduce su grado de compromiso emocional para no sufrir ni desilusionarse. Se separan las ideas o los pensamientos de los sentimientos asociados.

Este mecanismo trata de evitar la repetición de sufrimientos del pasado y alejar la posibilidad de daño, pero no permite la participación saludable en la vida. La soledad interna es una estrategia defensiva desarrollada por experiencias emocionales de importancia, que, en su gran mayoría, fueron dolorosas y dejaron huellas imborrables. En muchas ocasiones, son la copia de algún modelo familiar que ha quedado hundida en el subconsciente. Pero este síndrome no suele alcanzar para evitar el dolor: mediante la falta de conexión se sufre, ya sea de manera palpable o inconsciente.

Inmersos en esta manera de vivir, en ocasiones las personas incluso tienen dificultades para identificar y dejarse llevar por las emociones que las embargan ante diversos hechos de su vida: tal es la sensación de alejamiento (disociación) a la que se llega.

Algunos individuos intelectualizan lo que les sucede y explican el aislamiento emocional de manera racional, con lo que intentan despojarlo de importancia y de sentimientos. “Prefiero vivir sola porque mi última experiencia fue desastrosa”, “no tengo amigos muy cercanos, no hace falta”, “después de lo que sufrí, nunca volveré a confiar en nadie” y demás comentarios similares son generalizaciones que obviamente excluyen toda posibilidad de abrirse a relaciones sanas.

Con bastante frecuencia, la desconexión simplemente trata de eliminar la angustia y los desencantos del pasado. En vano, se trata de enmascarar esto con actitudes que rayan con la omnipotencia: “yo puedo solo”, “me defraudaron tantas veces que, ¿para qué intentarlo?”. Esto aísla y hace que se forme una costra alrededor del individuo, que muchas personas terminan sintiendo como inexpugnable. Desde esta “fortaleza” creada, las debilidades parecen no existir. De hecho se arman sistemas de vida basados en esta premisa… ¡que incluso son bienvenidos y hasta respetados por la sociedad!

Quienes se desconectan emocionalmente de su entorno por miedo a sentir un vacío, en realidad, lo están generando. De hecho se sienten incompletos aunque estén rodeados de afecto y de cariño, ya que no los registran internamente. Perciben que algo falta en su vida, pero no se dan cuenta de qué es y, si la razón verdadera aflora a la superficie, la acallan de cualquier modo.

Encerrarse en uno mismo no es bueno. Además del malestar emocional y espiritual, este desequilibrio puede trasladarse al plano físico y originar enfermedades diversas.

De hecho, hay estudios médicos que indican que ciertas enfermedades como la depresión, sus síntomas físicos (tales como insomnio y falta de apetito o apetito desmedido) y los problemas que acarrea (entre ellos, mayor posibilidad de sufrir problemas cardíacos) se curan más rápidamente si uno goza de una vida emocional balanceada y satisfactoria. Esto implica compartir, tener relaciones de intimidad y confianza con, al menos, una o dos personas.

Solo conectarse con uno mismo tampoco es bueno. Hay gente que se preocupa desmedidamente por el bienestar propio y por el de nadie más, aunque tengan su propia familia o un círculo de amigos de larga data. Esta actitud de excesivo amor propio no es saludable e implica, en mayor o menor medida, egoísmo. Es preciso buscar el equilibrio: además de prestar atención y satisfacer las propias necesidades, es sano estar abierto y bien predispuesto a dar y recibir, a escuchar, a sentirse querido y a querer, a comprender a otros y buscar comprensión; en síntesis: al intercambio profundo con otros seres. El estado de conexión se alcanza compartiendo y ocupándose genuinamente del bienestar de otros mientras permitimos que se ocupen del nuestro

El aislamiento emocional se puede producir incluso en aquellos casos de gente que tiene relaciones estables de importancia. El síndrome de desconexión no implica, necesariamente, aislamiento social. Sufren mucho quienes tienen una vida emocional que parece satisfactoria (casados con hijos, por ejemplo) pero que no llegan a tener una conexión interna muy profunda con este núcleo familiar: sólo han cumplido con un mandato que la sociedad les ha impuesto, pero sus verdaderas necesidades de comprensión e intimidad no están cubiertas, todavía.

De hecho, en muchas parejas con problemas que permanecen sin tratar ni resolver, se produce un alejamiento que causa una desconexión emocional hacia el otro. Ya no hay entendimiento ni comunicación profunda, y tal vez antepongan a los hijos o a otras variables (económicas, sociales, etc.) a la felicidad individual. La pareja puede subsistir así, incluso durante mucho tiempo, aunque este estado de desequilibrio, en algún momento, genera que se produzca algún hecho que cambiará la manera de relacionarse de esta pareja.

Para alcanzar una vida emocional plena, primero nos hace falta reconocer que necesitamos a otros. Sean quienes sean. Integrar todos los aspectos de nuestra personalidad implica aceptar la importancia de la cercanía de los demás y experimentarla de la manera que mejor nos parezca y más a gusto nos haga sentir.

La conexión de intimidad tan necesaria para considerarnos seres humanos completos puede entablarse con una persona (pareja, familia, amigo/a, compañero/a de trabajo), con una mascota o incluso con seres con los que relacionamos con un propósito de bien (por ejemplo, si ayudamos como voluntarios en una asociación de caridad o en un hospital). Lo que importa es establecer un vínculo visceral con otro, abrirnos a esa unión, sentir felicidad en el intercambio, en permitir que nos ayuden o nos contengan y en brindar lo mismo.

Una manera de acercarse a la plenitud emocional es la interacción con un grupo. A muchos hombres, por ejemplo, el practicar un deporte en equipo logra darles un grado de cercanía real, aunque no siempre verbal, con sus pares. Que después puede progresar y dar inicio a una amistad a nivel personal o familiar, que permite abrirse internamente y conectarse con el otro.

Somos seres sociales, precisamos a otros para desarrollarnos, para que nos contengan, nos apoyen, nos alienten, y poder ofrecer lo mismo. Conectarnos con otra persona a nivel emocional, de la manera que podamos, y abrirnos a esta comunicación, nos permite ir más allá de los bloqueos que tengamos para llegar a confiar en esta persona. Por más que nos hayan herido en el pasado, nunca lo hayamos experimentado, seamos escépticos con respecto a este tema o nos dé cierto temor… ¡vale la pena intentarlo!

Este artículo recibió mención y diploma en el concurso Virginia Satir 2007



3

mar

Del presente imperfecto al futuro perfecto

Artículo publicado por Merlina Meiler

Todo lo que imaginas dentro tuyo e intentas alcanzar puede concretarse en el afuera. Si lo ves en otras personas, ¡lo puedes vivenciar en ti mismo, puede ser una realidad en un futuro bastante cercano!

El primer paso, esencial, es decidir qué es lo que quieres. De manera realista, describe qué deseas para tu futuro, con todos los detalles posibles. Imagínalo. Siente cómo te verás en el momento que eso sea una realidad, en detalle, con colores, formas, voces, emociones.

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