31

oct

Claridad en los mensajes, mejora en la comunicación

Artículo publicado por Merlina Meiler

A veces no nos resulta sencillo dar a entender lo que queremos decir.  Mensajes que para nosotros parecen simples y concretos, pueden causar actitudes indeseadas en nuestros interlocutores por malos entendidos con respecto a frases vagas e inespecíficas.  El uso preciso del lenguaje aporta la claridad necesaria para que lo que queremos decir sea realmente el mensaje que la otra persona reciba.

 

Una estupenda manera de dar un mensaje claro e inequívoco es desafiar las imprecisiones lingüísticas con las que nos expresamos verbalmente. El Metamodelo descrito por Richard Bandler y John Grinder (cofundadores de la PNL – Programación Neuro Lingüística) en el libro ‘La estructura de la magia’, Vol. I, define y desafía las imprecisiones del lenguaje, ya que relaciona el lenguaje empleado por una persona con sus experiencias concretas subyacentes. Consta de una lista de distorsiones, eliminaciones y generalizaciones lingüísticas y también de cinco sugerencias para desafiar estos conceptos y así introducir un cambio radical en el enfoque del tema.

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26

oct

Video: El Secreto

Artículo publicado por Merlina Meiler

Navegando por Internet, encontré este video en YouTube que quiero compartir con todos ustedes. Está lleno de buenos pensamientos y lindas ideas para poner en práctica.

¡Que lo disfruten! Con cariño, Merlina.



23

oct

¿Enojarse? ¡¡Sí!! Pero solo por la verdadera causa…

Artículo publicado por Merlina Meiler

enojarse Es bueno y sano tener las reacciones adecuadas a los estímulos que recibimos. Si alguien o una situación logra sacarnos de nuestras casillas, tendremos que decidir qué hacer luego de que se disipe nuestro enojo y podamos pensar con más claridad.

Saber enfocarnos en la verdadera razón de nuestro enfado es la puerta que nos permitirá llegar a la tranquilidad mental. ¿Sabes que, probablemente, más de una vez hayas estado enojado por la razón incorrecta?

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18

oct

Palabras

Artículo publicado por Merlina Meiler

Las palabras que otras personas pronuncian suelen tener un impacto notable en nuestro estado de ánimo y en nuestra conducta, ya que el canal auditivo es de suma importancia en la gran mayoría de los seres humanos. A veces, incluso, le prestamos más atención a lo que otros nos dicen que a nuestra propia voz interior. Pero no conocemos las causas reales que motivan a los demás a pronunciar las palabras con las que se comunican con nosotros.

Escuchamos lo que realmente esperábamos oír y nos sentimos felices. Es una confirmación de nuestros deseos y anhelos. Pero, ¿no nos estarán diciendo algo que después no cumplirán? ¿Cómo saberlo? ¿Cuánto de lo que nos dicen es real y cuánto es tan solo una fábula, el deseo de agradar, de congraciarse o de lograr lo que desean? ¿Cuánto es producto de la imaginación o de las necesidades, tanto nuestras como de quien está frente a nosotros?

Estamos rodeados de frases repetidas hasta el cansancio. Por nosotros mismos, por quienes nos rodean. Palabras dichas una y otra vez, como si por su mera repetición y por arte de magia se transformasen en una realidad. “El fin de semana te llamo” .“Es la última vez que te pido que trabajes fuera de hora”. “Nunca más voy a llegar tan tarde a casa sin avisar”… ¿Por qué solemos aferrarnos tanto a las palabras de otras personas si no condicen con sus acciones?

El marido infiel, el novio impuntual, el jefe gritón, el padre olvidadizo, el amigo. Nos explican sus razones, y aunque dentro de nosotros sabemos que nos conviene no dar crédito a lo que oímos, la necesidad imperiosa de que digan algo que nos alivie el malestar es tan grande que, que por más que juremos una y otra vez no hacerlo, los escuchamos. De a poco comenzamos a vislumbrar en las frases de esa persona tan importante en nuestra vida lo que tanto queríamos: palabras de arrepentimiento, de amor, promesas varias, mientras sus ojos esquivos miran hacia otro lado, incapaces de sostenernos la mirada, o con una cara que ya conocemos: sus palabras no tienen eco en su interior y no están conectados internamente con lo que están expresando de manera verbal.

Lo más probable es que encima de todo este cuadro, bloqueemos nuestro canal auditivo y sólo prestemos atención a aquello que consideramos esencial de lo que nos estén diciendo, dejando detalles de lado. O distorsionemos la realidad al punto tal de entender algo completamente distinto al mensaje que la otra persona está tratando de darnos.

Para sacar algo en limpio la próxima vez que estés inmerso en esta situación tan engorrosa, pregúntate:

¿Qué palabras son las que más resuenan en tus oídos? ¿Qué tuyo, personal, ves reflejado en ellas?

¿Qué quieres creer? ¿Qué necesitas aplicar para no distorsionar lo que escuchas y captar el mensaje exacto que la otra persona te está dando?

¿Qué grado de responsabilidad tienes en esperar que otra persona que siempre te promete algo y no lo cumple, de la noche a la mañana cambie su actitud, sólo porque es tu deseo? ¿Por qué necesitas que otra persona reaccione de la manera que tú quieres? No se le pueden pedir peras al olmo, así como no le puedes exigir a alguien poco confiable o que no le da valor a las palabras, que cambie su modo de ser por ti. Los cambios se producen cuando una persona está internamente preparada y deseosa de experimentarlos, no por presiones externas.

Hay distintas maneras de saber si las palabras que nos dicen son huecas o tienen algún viso de verdad, y una de ellas es la congruencia. Fíjate si lo que te dice esa persona se ve reflejado en sus actos, en cómo se dirige a ti, en la veracidad de sus dichos. Basándote en su patrón de comportamiento sabrás a qué atenerte y de qué modo establecer una comunicación efectiva y realista con esa persona, siempre que necesites hacerlo.

Por último, te diría que confíes siempre en tu intuición más que en lo que otras personas te digan. Esa vocecita que a veces te da consejos, te pide que esperes o que actúes, o te recuerda datos en momentos claves es quien refleja tu verdadero ser. Sólo tu inconsciente te conoce plenamente y es quien te dará señales inequívocas para alcanzar los objetivos que deseas.



11

oct

Aceptacion: Otra oportunidad en la vida

Artículo publicado por Merlina Meiler

Cuando sobreviene un gran disgusto, nos parece que todo está perdido. Sin embargo, la vida suele darnos lo que habitualmente se llama una segunda oportunidad. Además, es bueno saber que, en realidad, las oportunidades son muchas más que dos…

En la vida de toda persona se produce una gran debacle en algún momento. Al oír el diagnóstico de una enfermedad difícil, luego de una gran desilusión sentimental, la muerte de alguien cercano, a causa de una iniciativa comercial frustrada o alguna situación de este tenor, la primera percepción suele ser que ahí se termina todo. El fin del mundo acaba de anunciarse para nosotros. Vemos imposible volver a levantar cabeza, nos parece estar en un callejón sin salida, con acceso vedado a la felicidad.

La primera etapa por lo general es la negación: a mí no me puede estar pasando esto, hay una equivocación, el teléfono va a sonar y ese llamado va a terminar con la angustia que siento. La negación es una respuesta instintiva a la desesperanza. Nuestro mecanismo de supervivencia lucha contra la agresión provocada por noticias angustiantes, tratamos con todo nuestro empeño que no sea verdad lo que está aconteciendo.

Suele manifestarse cierta depresión, ya que en un principio no se vislumbra la salida, y si se llegara a tener idea de cómo dejar atrás la debacle, la solución muchas veces suele no ser instantánea y requerir un gran esfuerzo. Algunas personas fluctúan entre períodos de depresión y otros de exaltación en los que tratan de llevarse el mundo por delante y creen que así la situación cambiará mágicamente.

En este punto cabe señalar que no hay actitudes buenas o malas, en los momentos de crisis reaccionamos como podemos y es positivo permitirnos que así sea.

Lo que produjo la debacle fue un proceso, el salir de ella, también lo será. Es bien posible hacer el intento ¡y tener éxito!. “Nada es permanente, todo se transforma”, reza una ley física. Vale la pena vivir y apostar al futuro, donde nos esperan un sinnúmero de posibilidades variadas en todos los campos. Una excelente manera de descubrir nuevamente la claridad es con compañía, o sea, hay que tener en cuenta que pedir ayuda a quien creamos conveniente es clave es este momento.

Para transitar el proceso de salida de esta situación tan dura, primero es necesario aceptarla. La aceptación implica entender cabalmente que, en efecto, esto tan temido o completamente inesperado tuvo lugar, y nos está sucediendo a nosotros. Aunque no lo merezcamos, no queramos o no sepamos qué hacer, sí, nos está pasando. En la medida que podamos, a nuestro tiempo, describamos la situación en primera persona. Una vez que nos acostumbremos a esta nueva realidad, el dolor irá quedando atrás.

Aceptación implica también perdonarnos incondicionalmente. Por los alertas que no quisimos o no pudimos ver. Por la negligencia o la extrema inocencia con la que actuamos. Por haber confiado a ciegas en nosotros mismos o en otra persona. Por no haber escuchado lo que nos decían, o por haber callado nuestras propias voces internas.

La aceptación es el puente que nos lleva del dolor a la paz interior. Nos conecta con nuestra condición de seres humanos, falibles, con errores y defectos, al igual que todas las personas que nos rodean. Asumir los errores como propios nos aporta claridad de conciencia. El autoconocimiento es esencial en la búsqueda del equilibrio psicofísico.

El aceptar el momento presente abre las puertas hacia otra oportunidad en la vida. Al entender exactamente qué sucede operamos en la realidad, y así contamos con la mejor predisposición interior para ver el abanico de posibilidades que se abre delante nuestro. De este modo lograremos las modificaciones de rumbo que deseamos. Todos tenemos la capacidad de procurarnos un futuro mejor. Cada día puede significar una nueva oportunidad, y trasformarse en un nuevo comienzo y en el primer paso hacia un futuro promisorio, si así lo decidimos.



5

oct

¿Mujeres multipropósito?

Artículo publicado por Merlina Meiler

Las mujeres, además de ocuparnos de las tareas profesionales o del hogar de las que nos hacemos cargo, solemos prestar mucha atención al hecho de vernos bonitas, a la moda, con el cabello bien peinado, las uñas pintadas…

Si un hombre tiene pancita o es medio pelado, ¡no hay problema! ¡Y se lo puede considerar sexy, aunque incluso tenga varias decenas de años en su haber! Pero a las mujeres nos demandan otra cosa…

Sentimos permanentemente la presión de estar lindas, flacas, arregladas, ser profesionales, generar dinero, ser buenas madres, ir al gimnasio, ocuparnos de nuestra pareja y de nuestra casa, cocinar como si fuéramos chefs expertas, vernos siempre espléndidas…

¿De dónde proviene semejante exigencia? ¿Es meramente externa y nosotras sucumbimos a ella? O, en nuestro afán de afirmar que los tiempos de nuestras bisabuelas han cambiado para siempre y de demostrar que ya no estamos relegadas, que estudiamos, trabajamos y somos femeninas; que ocupamos un lugar destacado; que podemos tomar nuestras propias decisiones, sin consultarlas siquiera con las personas que nos rodean… ¿no estamos dejando demasiado en el camino?

¿Y qué podemos hacer hoy mismo para sentirnos mejor con la persona que somos realmente, para aceptar con inteligencia nuestros límites y para ser felices con la realidad que nos rodea?